martes, 3 de junio de 2008

El mundo es una novela barata de detectives: Pulp

Si tuviera que escoger al último de los grandes autores del s.XX, el primer nombre que me vendría a la cabeza sería sin dudarlo Charles Bukowski. Poeta y novelista, el padrino del realismo sucio supo dotar a cada una de sus obras con una extraña mezcla de desesperación, surrealismo, hiperrealismo e ironía que ha sido imitada hasta la saciedad. Y sin embargo, la lectura de cualquier trabajo del autor le separa al momento de los plagios baratos de su obra.
Pulp fue la última novela que Bukowski escribió, publicada unos meses antes de su muerte. Escrita en tono de sátira, Pulp (como su título indica) es una burla de las novelas de detectives de los 40 y los 50, con guiños a la peor ciencia ficción de los 30. El detective Nick Belane, amargado y alcohólico (o sea, el clásico personaje bukowskiano) recibe la visita de la Muerte personificada como una femme fatale, que le encarga que descubra si el individuo que frecuenta una famosa librería es el célebre escritor Céline, muerto en 1961. Las cosas se complicarán para Belane con la aparición de varios casos, a cada cual más estrambótico, que parecen tener conexión con el difunto autor.
Pese a lo rocambolesco del desarrollo, Pulp no pierde en ningún momento la fuerza de la prosa de Bukowski, potenciada por una sombra ominosa que acompaña la narración, como si el autor supiera que iba a ser su testamento literario.
Al igual que el resto de la obra de Bukowski, Pulp es un libro cínico y agridulce, pero igualmente divertido, procedente de una de las mentes más ingeniosas que ha conocido la historia de la literatura.

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