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miércoles, 15 de febrero de 2012

Espinosos temas legales o algo huele a podrido en las editoriales

El tema de derechos de autor siempre ha sido como poco polémico. Por un lado está la más que justa reclamación de los autores por su trabajo, pero las cosas empiezan a ponerse feas con la delgada linea que separa el fair use de la piratería, un tema utilizado por muchas grupos corporativos para presionar con políticas dictatoriales como la Ley Sinde, la PIPA, la SOPA, el ACTA y demás. No ayuda demasiado la peligrosa forma de pensamiento que se ha extendido como una plaga entre las nuevas generaciones que podría resumirse con "en internet todo es gratis". La posición moderna de muchos autores (no la mayoría, por desgracia) es tolerar esta piratería porque, después de todo, cualquiera con cinco dedos de frente sabe que no tiene forma de controlarlo. Pero, ¿qué ocurre cuando es la editorial quien tiene tal control sobre los derechos de un producto que puede privar a su autor de ellos?
El caso más sonado en nuestro país fue durante los años 80, cuando los veteranos autores de comic español que trabajaban a sueldo de la editorial Bruguera se rebelaron contra la misma y exigieron su parte de los beneficios que habían generado sus historias. Cuando Bruguera se negó algunos de ellos (como Ibáñez), dejaron de dibujar sus personajes y fueron sustituidos. La editorial argumentaba que los personajes habían sido creados por autores a sueldo, con lo que eran de su propiedad, al igual que una fábrica de ladrillos paga a unos trabajadores que no tienen nada que decir ni reclamar sobre el producto que hacen. Ésta práctica era la norma no sólo en España sino en el resto del mundo. Las consiguientes demandas terminaron por hundir a la editorial a la vez que daban la merecida razón a los autores, en la que sin duda fue la mayor victoria contra el establishment editorial en este país.
Con el paso de los años se han desarrollado legislaciones más completas en lo que a derechos de autor se refiere. Además, se ha perdido parte del monopolio tradicional al emerger nuevas editoriales pequeñas y medianas, que ofrecen a los autores condiciones más favorables para la publicación. Pero quedan las reclamaciones pendientes de los autores que comenzaban en los años 50, 60 y 70.
Esta semana ha vuelto a saltar a primer plano la demanda de Gary Friedrich, co-creador de Motorista Fantasma, quien había decidido plantar cara al todopoderoso consorcio Marvel-Disney y reclamar lo que consideraba suyo. La demanda ha tenido un efecto demoledor ya que, en un movimiento dirigido a acallar posibles futuras "revueltas", la megacorporación ha contraatacado con una demanda con la que se anula la capacidad del autor de presentarse como tal, le exige 17.000 $ en calidad de daños y perjuicios y le imposibilita en la práctica de acudir a las convenciones utilizando el nombre del personaje para sacar dinero. Obviamente, Marvel lleva las de ganar por el mero hecho de disponer de una maquinaria legal que Friedrich no puede ni mucho menos costear, así que este movimiento puede verse como una guerra sucia para volver a controlar el patrimonio de los derechos de autor con puño de hierro.


Otro caso que merece la pena analizar es el de L.J. Smith, la escritora de Crónicas Vampíricas, popular saga de novelas de romance sobrenatural para young adults que acaba de ser despedida por la editorial HarperCollins. A todos los efectos Smith no puede utilizar nada de sus dos series más populars, la mencionada Crónicas Vampíricas y El Círculo Secreto. La franquicia, que ha aumentado sus ya jugosos beneficios con la adaptación televisiva de los libros, es propiedad de HarperCollins por acuerdo contractual de 1990. Smith cometió el error de firmar un contrato en el que aceptaba que su obra era trabajo producido para la editorial, quien ostentaba la titularidad completa de los derechos de la misma. Así la última novela enviada por Smith fue reescrita totalmente por un negro (el término en inglés es ghostwriter, "escritor fantasma") a sueldo de la editorial, quien se encargará de seguir escribiendo la saga en el anonimato.
Los dos casos son completamente opuestos. Por un lado Friedrich, que intenta de una vez por todas parar los pies a un grupo que durante décadas ha vivido de negar los beneficios a sus autores en base a una política perteneciente a tiempos más oscuros. En el otro extremo está Smith quien voluntariamente renunció a esos derechos. Esto último puede parecer a una estupidez pero hay muchos jóvenes autores primerizos que firmarían (y de hecho firman) estos pactos fáusticos. Pero, ¿cuál de los dos casos es más censurable?



Smith se merece una colleja y de las fuertes por tonta, pero no por ello hay que quitarle peso a los tejemanejes editoriales, que juegan con ventaja a este juego sucio de chantaje emocional que representa el poder ver publicada tu obra. Y no, en España no estamos libres de este cáncer. Ni mucho menos. He visto casos de pactos fáusticos tan viles como editar gratis o, como les gusta decir a alguno (demasiados) editores, "a cambio de publicarte y promocionarte".
Y ahora que las cosas van mal dadas con la crisis internacional podemos esperar que esta clase de abusos se extiendan como la pólvora, no sea caso que los grandes consorcios corporativos se arruinen...

viernes, 22 de abril de 2011

Sobre derechos de autor, piratería y nuevos modelos de explotación

Mañana es el Día del Libro, la fiesta que cada año celebramos aquellos que amamos la Literatura. Lo que ya no es tan conocido es que, desde 1995, también es el Día del Copyright, una fecha en principio pensada para "concienciar" a la gente sobre los derechos de autor y el "mal" que representa la piratería. Pero, ¿qué entendemos por piratas? Vayamos por partes.

Sobre derechos de autor
La Ley (por lo menos en España) dice que una obra es propiedad de su autor desde el momento mismo de su creación, independientemente de a nombre de quién está inscrita en el Registro de la propiedad Intelectual, salvo contrato y otro documento similar de por medio. Los veteranos recordarán el famoso pleito que interpuso gran número de autores de tebeos contra la editorial Bruguera por la titularidad de los personajes que habían creado a lo largo de casi 30 años. Este proceso supuso una victoria para un colectivo esclavizado y sentó las bases de la subsiguiente jurisprudencia al respecto.
En otras palabras, que registrar una obra sin el consentimiento de su autor costituía un delito de apropiación por el cual se podía exigir el amparo del Ministerio Fiscal para cambiar el titular de la obra en el Registro y pedir los correspondientes daños y perjuicios.
Pero esto es España, amigos y, por desgracia, somos famosos por la picaresca.

La tecnología como delito (o cómo convertir la ignorancia tecnológica en un arancel)
Con el desarrollo de los microchips y los avances en miniaturización era sólo cuestión de tiempo que los hogares contaran con un poderoso mecanismo diferencial no analógico que pudiera almacenar contenidos: el ordenador personal. Los 70 ya habían sido una época en la que las discográficas clamaban al cielo mientras señalaban a las cintas de casette como instrumento del Diablo destinado a arruinar el Arte de la Música. El hecho que las mismas discográficas engañasen a muchos de sus artistas y se adueñaran de cantidades ingentes de dinero hasta el punto de casi arruinarlos no importaba. El hecho que te dejaran un disco y lo pudieras copiar (¡sucia palabra!) o que fotocopiaras un libro era un pecado imperdonable.
Es cierto que mucha gente intentó hacer negocio con las copias piratas pero la gran mayoría sólo querían hacerse con un objeto (disco, película, libro...) que tal como iba la economía era un objeto de lujo, más cuando el gran público estaba formado por adolescentes sin apenas ingresos. Es más, muchos artistas descubrían estupefactos que aquellos que habían empezado copiando alguna obra suya luego ahorraban para conseguir legalmente el resto de su producción. Si hubiéramos hecho caso a los alarmistas resultaba que las bibliotecas públicas tendrían que prohibirse porque "robaban" a los autores la venta de ejemplares (aunque eso es otro tema).
Lo cierto es que con la aparición de los primeros piratas informáticos la industria del ocio se empezó a preocupar, pese a que esos jóvenes aparentemente introvertidos lo único que querían era llevar hasta el máximo el potencial de su intelecto. A tal efecto os recomiendo un documental titulado Historia secreta de los piratas informáticos que, pese a su antigüedad, es muy revelador.

John Draper, el "capitán Crunch", Santo Patrón de los Hackers

Piratería y patentes de corso
Así pues llegamos a una época dominada por el control y la histeria de las grandes compañías. Hay que perseguir, denunciar, encarcelar y multar a todo el que ose poner en duda sus derechos. Se imponen multas astronómicas a usuarios, se persiguen programas como NAPSTER y las redes P2P. Se utilizan vacíos legales y el desconocimiento de los legisladores sobre asuntos tecnológicos para crear un Hombre del Saco, un Coco sin rostro que pretende destruir el Arte y a los Artistas. Los estados extienden modernas patentes de corso a compañías privadas para cobrar cánones a usuarios, cuando están vulnerando derechos que estos mismos estados han aprobado, como la copia privada. La delgada línea que separa al fair use de la copia ilegal hace que muchos cedan ante estos grupos de presión, empezando por los gobernantes que debían ser los encargados de velar por nuestros derechos.

NAPSTER, un programa que puso nerviosos a muchos


Un presente cyberpunk o cómo el rostro de un hombre muerto vela por nosotros
La persecución y la legislación cada vez más dura no hace más que añadir fuego a la rebelión. Cuando hay tiranos siempre hay rebeldes, e internet es el espacio perfecto para ello ya que la mayoría de tiranos no tienen los conocimientos suficientes para ganarles la partida a los usuarios. En BBSs y canales IRC primero y luego en foros empieza a proliferar el descontento. Toda información debería ser libre! claman. Entre todos estos grupos destaca uno en particular, surgido del foro /b/ de 4chan, un grupo anárquico, sin ideología política más que la absoluta libertad. Sus miembros llevan la máscara con el rostro de Guy Fawkes que se hizo famosa con el comic V de Vendetta. Son la primera metainteligencia surgida en la Red: Anonymous.

We do not forgive. We do not forget. We Are Anonymous. We are Legion. Expect Us.

A todo esto, ¿qué le queda a los autores?
Todo esto de la libertad está muy bien pero yo como autor ¿qué saco de todo esto? ¿quién paga mis facturas?
El debate al respecto está muy caldeado por posturas radicales en ambos bandos. Cierto, hay gente como Cory Doctorow (defensor acérrimo de la licencia Creative Commons) que pueden permitirse el lujo de poner gratis sus obras en internet el mismo día que salen a la venta porque ya tiene lectores. Pero recordemos que hubo una época en la que NO los tenía y, aún así, apostó por ello. Como bien repite una y otra vez Neil Gaiman, la "piratería" trae un curioso efecto secundario: el aumento de ventas del catálogo del autor pirateado. Pese a que hay feudos tradicionales donde siempre se han pirateado obras (Sudamérica, Rusia, Oriente Medio y, seamos sinceros, España) hay que tener en cuenta que mucha gente que adquiere gratis estos archivos (sean libros, juegos, discos, películas...) de ninguna manera piensan adquirir el producto incluso a precios reducidos. Pero hay muchos usuarios que ante unas condiciones favorables, pagarían por ese contenido. Autores como David Wellington representan el éxito de aventuras directas en internet cuando muchos compañeros de profesión desdeñan y persiguen a sus propios fans.

Cory Doctorow, superhéroe de internet, el Creative Commons y el fair use

La única forma que hay para vencer a la verdadera piratería, la que busca lucro, es con productos de calidad, que hagan que el consumidor se sienta recompensado por los autores que admira. Iniciativas como la Biblioteca de Baen Books, los diversos músicos que se niegan a participar de cánones y colocan sus discos gratis en la red o el regalo de libros en formato electrónico por parte de algunas editoriales siguen siendo hechos minoritarios que las grandes compañías intentan tapar. La llegada de modelos nuevos de explotación como el crowd funding o el freemium (popularizados por Spotify) han chocado con modelos tradicionales que no quieren más que poner barreras como los desfasados DRMs o servidores de identificación y autentificación.

El mayor éxito y el mayor fracaso del modelo freemium

Hay que tener en cuenta que cualquier medida de protección es completamente inútil, ya que sólo es cuestión de tiempo hasta que los "piratas" (muchos ellos por el mero reto de superarse) revienten dichas protecciones. Un caso sonado fue el famoso sistema anticopia de Sony, que impedía la reproducción de CDs en los ordenadores, vulnerando el derecho del comprador incluso a escoger cómo lo escuchaba. Incluso cuando una sentencia judicial obligó a la compañía a retirar del mercado los discos con esa protección, dicho anticopia (que había costado millones) había sido reventado utilizando... ¡un simple rotulador negro! Bastaba con pintar la primera pista del disco, una pista de datos corrompidos que hacía que los lectores informatizados no pudieran acceder al resto del contenido, para poder disfrutar del CD donde te diera la gana e incluso podías copiarlo.

El Gran Hermano te vigila
Como señalaba el escritor y editor Gardner Dozois en una de sus recientes antologías, la crisis actual ha afectado a la industria del ocio, algo que no había sucedido antes o por lo menos a la escala que estamos viendo: líneas editoriales canceladas, cadenas de librerías cerradas, editoriales en bancarrota... Lo triste es que algunos han aprovechado el momento para buscar un chivo expiatorio, y lo han hecho impulsando proyectos de leyes restrictivas, con el beneplácito de los gobiernos.
Hace poco tuve una discusión con un conocido a raíz de la ley Sinde, ley que esta persona defendía a capa y espada. La paradoja es que se trataba de la misma persona que se dedicaba a vender hace diez años copias de películas por internet.

Cuando piratees mp3 te consideraremos un terrorista...

El futuro, aquel país desconocido...
Las cosas no pintan muy bien, por lo menos a corto plazo. A pesar de que es reconfortante saber que colectivos como Anonymous o la Electronic Frontier Foundation están poniendo a más de uno en su sitio, el daño está hecho y tardará en sanar. Controversias como la guerra de precios de los e-books entre McMillan y Amazon no hacen más que dar alas a aquellos que quieren controlar, penalizar y, en definitiva, censurar.
En resumen, es una época difícil para ser escritor pero ¿cuándo lo ha sido? Los derechos de autor son innegables y fundamentales, pero no pueden ser la excusa para recortar el derecho a la libertad, más cuando no se trata más que de otro intento de lucrarse por parte de los que quieren seguir cobrando a costa de los demás.
Hay que decir, como escritor, yo lo tengo claro. Me quedo con las palabras de José de Espronceda pertenecientes a su poema más conocido:

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Porque la "piratería", en el sentido de lucro, tiene los días contados, mientras que las patentes de corso permanecerán. Y, si tengo que navegar, sé bajo qué bandera lo haré.


martes, 12 de abril de 2011

Derrotismo en la ciencia ficción: una visión personal

Empiezo a estar harto de leer por ahí que alguien ha abierto los Sellos, que el Armagedón está al acecho, que es el fin de la ciencia ficción. Veamos la modesta opinión de un servidor, bibliotecario y autor que, ya puestos, ha trabajado en el mundo de la distribución durante la última década y media.

1- Las cosas están mal. Cierto, pero relativo. Las cosas están mal porque TODO está mal. Llevamos un par de años de CRISIS. ¿O es que los derrotistas no lo han visto? El propio Gardner Dozois comentaba en una de sus antologías anuales que esta crisis estaba dañando incluso a un sector que no solía verse afectado por anteriores terremotos económicos: la edición de libros. La gente seguía comprando libros porque eran una fórmula de escapismo que podían compartir y reutilizar. Esta vez no es el caso.

2- Las colecciones desaparecen. Cierto. En los últimos años hemos visto como las grandes editoriales cierran líneas de ciencia ficción. Pero resulta que siguen saliendo títulos como El terror de Dan Simmons que se reeditan una y otra vez. Vale, lo colaron como novela histórica, pero el punto importante es que la editorial invirtió en promoción.

3- Monopolio de cuatro. Relacionado con el punto anterior, la mayor parte de las ventas de libros en España la realizan cuatro grandes cadenas que hacen y deshacen a su gusto. Si la editorial invierte "alquilando" estanterías, muebles o expositores, entonces el gran público se para a consumir ese título Así funcionan las cosas en este país. El que no lo sepa o no quiera aceptarlo no van a cambiarlo. No digo que sea lo correcto, todo lo contrario. Hay que empezar a tomar medidas. ¿Cuáles? Recanalizar la distribución hacia sectores especializados. Educar al lector y premiar su fidelidad. Utilizar internet como herramienta de marketing para despertar el interés del público (cosa que mucha gente ni se molesta).

4- Hay más editoriales que "las de siempre". El número de pequeñas editoriales se multiplica. Tirar pocos ejemplares tiene sus desventajas pero, si se hace bien, se puede crear una base lectora fuerte que pueda mantener a la editorial.

5- Los e-books no son la solución. Como en todo, en España vamos detrás del resto de países civilizados. Pero pensar en la edición electrónica como una salvación es una panacea. Sí que son un buen complemento pero, a día de hoy, la gente compra libros, no ceros y unos.

6- No estamos en los años 80. De hecho hace mucho que pasaron. Y de la Edad de Oro ya ni os cuento. Vale ya de llorar. Es muy fácil ponerse medallas, decir "yo os avisé", alabar tiempos mejores. El público ha cambiado, nos guste o no. Y rechazar géneros, autores o títulos porque "no son verdadera ciencia ficción" es pedantería, esnobismo o simple gilipollez.

7- Pocos foros sirven de algo (ya oigo los gritos de fondo). Sí, hay foros que funcionan, pero la mayoría, da igual de lo que sean, terminan colapsados por sus propios usuarios. O como decía Brodie: intertet es un sitio que sirve para que la gente se insulte y comparta pornografía.

8- Esto es una opinión personal, aunque bien informada. No hay que hacer como Pedro y el Lobo, pero tampoco hay que clamar al cielo. Han caído algunos, otros caerán, pero la tormenta pasará tarde o temprano. En nuestras manos está que podamos reconstruir el mercado para el nuestro género.


miércoles, 24 de febrero de 2010

El país de la desinformación

Ha hecho falta un cabreo para sacarme de mi autoimpuesto retiro temporal. Leo en la nota de prensa sobre la entrega del Premio Minotauro de este año unas observaciones sobre la space opera que me han hecho hervir la sangre.

Este subgénero de la ciencia ficción nace en cierto modo como reacción a la ciencia ficción dura, que en un momento dado perdió la capacidad de contar buenas historias (algo esencial cuando hablamos de una novela). Cuando aparecieron obras como Dune de Frank Herbert, la saga de Vorkosigan de Lois MacMaster Bujold o 2001 una odisea del espacio, de Arthur C. Clarke, por poner tres ejemplos, quedó bien claro que la space opera había llegado para quedarse.

¿Quién ha escrito esta líneas? Porque parece bien claro que de CF ha leído poco y se ha limitado a buscar obras conocidas. ¿Dune space opera? ¡¿Y 2001?! De escribir mal el nombre de la señora Bujold ya no digo nada. Pero no se queda aquí la cosa.

Además, hace ya muchos años que trascendió el terreno literario para volcarse en el cine y la televisión (Star Wars, Star Trek, Battlestar Galactica) o para ocupar un lugar destacado en la industria de los videojuegos (Mass Effect es el ejemplo más reciente).

¡¿Star Trek space opera?! ¡¿Desde cuando?! (y lo afirmo desde el amor que siento por esa serie).

Pero sigamos...

La space opera se caracteriza por la dimensión épica de las historias que narra, generalmente localizadas en otros sistemas solares, o, como todo el mundo ha visto en el cine, ´en una galaxia muy lejana´. También es un rasgo importante la presencia de especies inteligentes que interactúan entre sí, desde las antropomórficas hasta las de aspecto más extraño. La épica se ve reflejada en personajes heroicos o grandes villanos, tremendos conflictos bélicos en el espacio y enormes avances tecnológicos (sobre los que no hay por qué dar explicaciones, cosa que sí intentaría la ciencia ficción dura).

Menudo párrafo vacío. De verdad, la próxima vez es mejor que se busquen a alguien que haya leído del género.

Gracias por la atención. Vuelvo a mi bunker a seguir con mi Proyecto Secreto. Nos vemos en un par de meses.

----END TRANSMISSION-----

domingo, 31 de enero de 2010

No a los "peajes" literarios de la SGAE. ¡No representan a los autores!

Atentado Cultural - La SGAE ataca de nuevo


Se pretende obligar a las bibliotecas públicas a pagar 20 céntimos por
cada libro prestado en concepto de canon para 'resarcir' a los autores.
Mientras la gente de a pie apenas llega a fin de mes, los ya
millonarios se forran a cuenta nuestra. No consientas tamaño atentado
contra la cultura y pasa este mensaje a todos tus amigos.

POR EL PLACER DE LA LECTURA :

La SGAE (Sociedad General de Autores)
ataca de nuevo.

Escrito y firmado por José Luis
Sampedro, escritor.

POR LA LECTURA

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un
Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de
jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque
no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido,
atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él
solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos.
Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes
sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro
a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl
May.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo
madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho
cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un
rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos.
Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les
servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban
allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando
regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el
final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que
estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían
algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas.
Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos:
algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una
simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera
otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran
hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que
mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los
propios enfermos, fue creada por iniciativa y volunta ris mo de una
empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados,
paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y
luchas con la administración intentando convencer a burócratas y
médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el
conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a
la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus
usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas
actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de
cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en
reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón
bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de
pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por
cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a
los autores del desgaste del préstamo.

Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga
una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio.

b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada
la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por
cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y
fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la
operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos
por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad
el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?
Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere
autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa
mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente
deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de
autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida
en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro

Si estas de acuerdo, pásalo. Por el placer de la lectura.

POR FAVOR, SI VA A REENVIAR ESTE CORREO, TEn EN CUENTA LOS SIGUIENTES
PUNTOS:
1.- Borre la dirección e-mail del remitente así como cualquier otra
información personal y dirección e-mail que aparezca en el cuerpo del
mensaje.
2.- Proteja frente a terceros a todos los destinatarios de sus mensajes,
colocando sus direcciones en la línea de CCO (Con Copia Oculta).

Combatir el spam es tarea de todos.

Gracias por su colaboración.

martes, 24 de marzo de 2009

¿Por qué?

¿Por qué se sigue jugando la carta del victimismo en la CF como si el mundo se fuera a acabar mañana mismo y se insiste que el género está muriendo?
¿Por qué hay que disfrazar un título como El terror de Dan Simmons como thriller histórico para venderlo?
¿Por qué inventan etiquetas de mierda como "romance sobrenatural" o "fantasía urbana" para tratar de esconder títulos o endosarnos bazofia?
¿Por qué hay decisiones de distribución y edición que las toman comerciales que desconocen completamente el género que venden y se limitan a usar referencias como "el nuevo código Da Vinci"?
¿Por qué se sigue intentando mantener la separación mainstream/literatura de género cuando hay autores tremendos como Michael Chabon que se pasa por el forro dichas artificiosidades y se alza como triunfador?
¿Por qué cualquier iniciativa por "reflotar" el panorama de la CF y fantasía en este país se hunde por su propio peso?
¿Por qué las intenciones de los autoproclamados mesías y salvadores del mundillo se pierden como lágrimas en la lluvia al demostrarse que son poco más que humo? Y de paso, ¿por qué cuando eso pasa la culpa siempre se la echan al fandom? Más aún, ¿por qué muchas veces dicho colectivo no parece más que una panda de lloricas?
Da igual. Esto no es un sermón, es el grito de un pobre bibliotecario que tiene achaques propios de la edad. Tal vez sea mejor así, con todo el ruido de fondo y las ilusiones de poder o los sueños de salvación. Después de todo, toda la vida ha sido así. Pero hay días que uno no puede ni siquiera leer en paz por culpa del ruido que montan.

sábado, 8 de noviembre de 2008

N. del T.

Andaba yo pensando en cuál podría ser un tema adecuado para estrenarme aquí en casa del sr. Blackhand cuando me informaron de que tengo pendiente la lectura de la edición española de The Wee Free Men, el primero de una saga de libros juveniles escrito por Terry Pratchett.
Hacía mucho, mucho tiempo que no leía a Pratchett en castellano; gran cantidad de sus juegos de palabras y gags son tristemente intraducibles, y las decisiones tomadas para hacer el asunto "entendible" por el lector de a pié no suelen ser de mi agrado. Demasiado, se pierde demasiado por el camino...
Esta línea de pensamiento (aguantad ahí conmigo, que he ido a propósito a por la pipa, la bufanda y la boina para escribir este post) ha hecho que me acordase de un detalle que, por lo que parece, se ha perdido: yo recuerdo que antes, en algunos libros te encontrabas las legendarias N. del T. (Nota del Traductor, para los amigos) donde el sufrido personaje te explicaba que se había encontrado con uno de estos elementos de dificil traducción, o te ponía en antecedentes para que cogieses la idea tras la palabra, frase o expresión.
Estas notas eran una especie de puente hacia el otro idioma que se han ido perdiendo, al menos dentro del género que leo. ¿Qué pasa? ¿La fantasía, el terror y la ciencia ficción son tan poco serias que sus lectores no merecen explicaciones y se han de conformar con traducciones mediocres y adaptaciones caprichosas? ¿Es decisión editorial, y los pobrecitos traductores sufren tanto como el lector bilingüe? Porque sonará pedante, pero yo tuve que ir a lavarme los ojillos con lejía después de leer "strawberry blonde" traducido como "rubio fresa" en una novela. Eso duele.
No entiendo por qué se nos niegan esas pequeñas explicaciones y nos hemos de tragar chistes mutilados, expresiones "adaptadas" para que las entendamos, y párrafos sin gracia (¡o sin sentido!).
En el lado positivo, mi inglés leído les debe mucho a los traductores españoles. Primero por estimular mi curiosidad con dichas notas y hacerme ver que no leía la historia como debería ser; y luego privándome de ellas y dejándome notar que a algunos les gustaría trabajar en otra cosa.

domingo, 27 de julio de 2008

But I digress...

Que Peter David me perdone por copiarle el nombre de su genial columna crítica, pero estoy cabreado y eso me da inmunidad diplomática. El otro día enlacé con un artículo de El Pais sobre el estado de la CF en España. Ahora ADN intenta convencernos en un artículo que es la CF anglosajona la que está en decadencia. Bueno, yo creo que el mundo editorial español y el de los autores son dos entidades, pese a tener relación. Cualquiera que trabaje en la distribución especializada (como un servidor) sabrá a qué me refiero. Y no estoy para nada conforme con las catastróficas afirmaciones del mismo. El autor cita a William Gibson, Bruce Sterling, Neil Stephenson, Dan Simmons o Kim Stanley Robinson como claro ejemplo. Sí, reconozco que me ha tocado la fibra, pero parece que el autor no ha leído los últimos libros de estos autores o desconoce al mundillo en cuestión. El problema no es que los clásicos hayan dejado la CF. Más bien es la CF la que se está transformando. Decía Sterling en un artículo que el mundo que vivimos ha evolucionado más allá de lo que se llegó a postulas en los 60, 70 y 80. La clásica definición de Asimov de la ciencia ficción como la literatura que analiza el presente desde el punto de vista del futuro se desmoronó hackeada por los cyberpunks, que demostraron que se podía mirar al futuro usando el presente y hacer buena CF. Los elementos de CF de los años 50 a 80 ya no son válidos porque hemos enviado sondas al Sol, presenciado impactos de cometas en un planeta de nuestro sistema, encontrado agua fuera de la Tierra, devuelto la vista a un ciego implantando un microchip, clonado seres vivos, derrotado al ser humano al ajedrez con un ordenador... Lo que nos parecía CF en los viejos 80 es ahora el pan nuestro de cada día y nadie se va a creer a los marcianos verdes en platillos.
Otro problema es que las editoriales patrias han adoptado modelos yanquis para "ocultar" títulos de Cf y esconderlo con etiquetas de "fantasía urbana", "thriller histórico", "romance sobrenatural", etc... ¡Bravo por la falsedad de etiquetar géneros!
Puestos a encerrarse en definiciones, prefiero la de Damon Knight: ciencia ficción es lo que yo señalo y digo "eso es ciencia ficción". Y vista esta premisa, vivimos una buena época porque tenemos libertad absoluta.
Todo lo demás es politiqueo barato, chanchullos editoriales y llorar por llorar.